En la muerte de Antonio Acevedo

03 de noviembre 2008



José Fernando Díaz Medina
Docente, Escritor y Periodista

Tuvimos la suerte de abrazar la amistad de Antonio, en gran medida bajo la influencia de un hombre que fue un gran compañero, que contribuyó mucho a formar los alumnos durante treinta años y modelar sus personalidades. Era estrictamente un profesor de matemáticas. De hablar pausado, correcto en el lenguaje, de saber amplio y verbo fácil. Esto es muy importante para quienquiera que trace de algún modo su biografía intelectual.

Quisiera ahora plantear un dato singular y característico. Siempre se sintió un hombre profundamente icodense. Ningún itinerario histórico le era desconocido. Con datos hablados, orales, y representados en personajes del ayer nos abría los ojos, en cierta forma era instintivo, para luego razonar acerca de las claves histórico-políticas que toda ciudad encierra.

Antonio Acevedo recibió en 1997 el prestigioso Premio Centro Icodense, por su abnegada labor en la gestión cultural del Casino local. Era un gran aficionado al ajedrez y al baloncesto, deporte que practicó con éxito. Fue su pasión confesable. Desde joven destacó en su “C.B. Hércules”. Testigo excepcional de una época dorada del baloncesto icodense. Escucharle hablar de su equipo provocaba silencio, admiración y respeto. Su memoria almacenaba las anécdotas más destacadas de todos los partidos. Era un ejercicio delicioso escucharlas en su “plena voz”.

Se nos fue Acevedo. Un genio de la docencia matemática. Un amigo de toda la vida. Hoy, todos nuestros recuerdos consagran a una gran persona. Yo le conocí en su dimensión profesional en 1981 cuando impartió clases de su querida asignatura a los amigos de aquel COU memorable. Durante años, siempre se interesó vivamente por el desarrollo profesional de todos y cada uno de aquellos alumnos, que hoy lamentamos con pesar su desaparición.

Tenia 56 años y su muerte ha causado conmoción en el centro educativo donde trabajó, y especialmente, entre el alumnado que le ha reconocido su talento comunicativo en sus aplicaciones docentes. En el Instituto Lucas Martín Espino, Antonio Acevedo era todo un compañero. No sólo hacía gala de una extraordinaria capacidad de trabajo, sino que siempre lo hacía sin perder su buen humor. Así era Antonio, y así quedará para siempre en el recuerdo de sus amigos del instituto. Descanse en paz.