María Jesús Losada Magadán
Me gustaría felicitar a todos los habitantes de esa maravillosa isla que es Tenerife por su tierra, por su clima..., pero sobre todo por su forma de ser. Este pasado mes de julio he viajado ahí por primera vez y he vuelto feliz y con pena de dejarlos atrás. Han sido unas de las mejores vacaciones de toda mi vida, para mí y para el resto de mi familia.
Sólo tengo un pequeñísimo punto negativo. Y es que uno de los días que pasé, lo reservé expresamente para irnos a Icod de los Vinos a conocer, además del pueblo en sí y el famoso Drago, el Mariposario que supe poseían. Adoro las mariposas, y mi hija igual. Con lo que para allá nos fuimos ilusionadas con la perspectiva de cumplir un sueño.
Pero la cosa al final tuvo un poco de pesadilla: dos policías custodiaban la entrada (policías que por otra parte eran encantadores y amabilísimos y que creo lo pasaban fatal con la misión que les habían encomendado) e impedían la entrada de los turistas; sin que nadie, ni empleados, ni dueño, ni policías, ni vecinos con los que hablamos pudieran darme una explicación clara del motivo (bueno, eso no es cierto, la mayoría se atrevieron a contarme el motivo, pero es tan vergonzoso que no me corresponde a mi airearlo aquí).
Resultado: mi hija lloraba de la decepción y yo me tragué las lágrimas por pudor. Lloraban también otros niños alemanes por el mismo motivo, unos ingleses insistían en intentar entender el motivo por el que no podían pasar, mientras miraban incrédulos a su alrededor... Y así con más y más gente que iba llegando. Vamos, un cuadro y una imagen triste y nefasta que ni ese precioso pueblo, ni su gente, ni Tenerife en general se merecen.
No creo que nadie se pueda permitir que algo tan espectacular y especial, que atrae a tanta gente y que es un aliciente turístico de primera magnitud esté en esa situación. Las autoridades competentes deberían tomar cartas en el asunto y evitar así una imagen más propia de aquella España de las películas de suecas...
Pese a lo que acabo de contar, felicitarles una vez más porque tienen la tierra que se merecen: maravillosa y amable. Volveré, puedo asegurar que volveré. Y espero ver mariposas. Gracias. Por todo.