Después de un período de relativa tranquilidad en el ya viejo litigio entre el Ayuntamiento de Icod y el Mariposario privado instalado en dicha ciudad, mientras la sede del Mariposario continúa precintada según el propietario don José Antonio Plaza, por diversos mandatos de la Corporación Municipal, el señor alcalde icodense ha mandado establecer una vigilancia diaria de dos policías locales, en un horario desde las nueve de la mañana hasta las siete y media de la tarde.
Cuando alguien que no es empleado de la empresa se acerca para entrar al recinto, los dos "centinelas" les dicen que está cerrado y les piden la documentación. No sé para qué, porque no van a entrar. A los turistas les parece extraña la norma, pero a los ciudadanos españoles nos parece inexplicable, absurda y hasta ilegal, cuando aquella dependencia particular está para que la visiten y admiren los ejemplares de mariposas que allí se exponen. Alguien pensará que lo que se guarda allí dentro es un polvorín.
Con un inmueble con las puertas de acceso que se suponen cerradas con sistemas de seguridad garantizados, no hacen falta policías con un estricto servicio de vigilancia. Lo que también parece extraño al presunto visitante. Y como a los observadores, en especial a los de mi oficio, que conozco a mi gente y a mi isla, un abuso no justificado que huele a ilegalidad y que, de forma absolutamente absurda, utiliza el ayuntamiento para tirar piedras sobre su propio tejado.
Una atracción como el Mariposario, ya quisieran tenerla todas las poblaciones con una política turística ambiciosa. Aquí, con una escasa plantilla de seguridad, se retiran policías de servicios fundamentales como tráfico para colocarse en un sitio en que, visiblemente no hacen falta y, encima, perjudican a una empresa que, si se ha permitido establecer, ha sido porque cumplía con las normas en vigor. En Tenerife y, sobre todo fuera de Tenerife, esa es la peor estampa turística que puede ofrecer Icod.
Pero me temo que va a ir para rato si el mismo Gobierno de Canarias no interviene, dado el espectáculo que está dando al pueblo y al visitante este absurdo enfrentamiento de casa adentro que está rozando el ridículo.