Diego Afonso Guillermo
Alcalde de Icod de los Vinos
Hace once meses que obtuve la confianza de mi pueblo para estar al frente de la administración pública más cercana al ciudadano, mi ayuntamiento, el Ayuntamiento de Icod de los Vinos. Es para mí un enorme orgullo y una tremenda responsabilidad que asumo cada día con la máxima dedicación, ilusión y rigor. Destaco estos tres aspectos, entre otros muchos, porque son los que me han acompañado habitualmente en mi vida familiar, profesional y también en mi vida política.
He tenido la oportunidad de expresar en muchas ocasiones y en distintos foros lo que entiendo por política con mayúsculas y, siempre que mi práctica y la del equipo de hombres y mujeres que me acompañan sea, con independencia de los aciertos y errores que como humanos podamos tener, honesta.
Siempre estamos expuestos, y en política más aún, a ser esclavos de nuestras palabras, a no poder hacer realidad todos los proyectos, promesas y compromisos contraídos con los ciudadanos, acertando o equivocándonos en nuestras decisiones cotidianas, pero nunca dejando de atender a las personas y a los asuntos públicos en general, con dedicación, ilusión y rigor.
En estos once meses al frente de la alcaldía me he encontrado con situaciones de mis vecinos, acontecimientos como el incendio del 30 de julio del pasado año, una coyuntura socio-económica adversa, un aparato administrativo débil, infraestructuras -en general- en pésimo estado de conservación y mantenimiento, expedientes complejos que después de muchos años se encuentran sin concluir, y un largo etcétera de temas y asuntos que nos han ocupado y nos siguen ocupando a mí y a todo el equipo de gobierno, así como al equipo técnico en general.
Por todo ello, ante la permanente y constante forma de abordar, desde distintos ámbitos, la gestión pública de una forma irrespetuosa, mediante una crítica destructiva, tanto de la persona como de la gestión, quisiera, a través de estas líneas, trasmitir a todos los canarios y en especial a los icodenses, que lo que hemos recibido desde la cuna a través de nuestros padres no se nos olvida y lo practicamos en todas las facetas de nuestra vida. Eso nuestros vecinos lo saben y lo constatan día a día en el contacto permanente que tenemos con todos ellos. Por ello, los que utilizan la crítica soez y sin fundamento ni mucho menos con argumentos contrastables, se descalifican a sí mismos y al grupo al que pertenecen o representan.
En estos últimos días, una vez más, he tenido que soportar algunas de estas críticas y valoraciones injustificadas sin ningún tipo de fundamento, referidas a compañeros y compañeras que, en su función como alcaldes, concejales, consejeros, etcétera, me han inclinado a compartir con todos los ciudadanos estas letras, que quieren concluir con una invitación a la reflexión sobre estas líneas escritas con el máximo rigor e ilusión por quien considera el ejercicio público de la política una de las actividades más hermosas que puede realizar un hombre o una mujer en algún momento de su vida.
El que les escribe estas notas la viene ejerciendo -y continuará haciéndolo- con eso que aprendió desde la cuna, con honestidad.