OPINIÓN

Las piedras tienen vida

07 de abril 2008

Miguel Ángel Reyes
Estudiante de Periodismo en la Universidad Pontificia de Salamanca


A la altura del Hiperdino, en el barrio de La Centinela, se está removiendo la tierra. Allí, justo al lado, se construye aún una urbanización que conlleva, como toda obra, maquinaria que trabaja con el suelo natural. Pero hay que tener cuidado: las piedras también tienen vida.

Para explicar esta teoría necesito que el lector conozca el punto exacto al que me refiero. Imagine usted que va caminando por la popularmente denominada “Avenida del Colesterol” rumbo al barrio de La Mancha. Cuando pasa el Hiperdino, a su derecha podrá encontrar una especie de explanada asfaltada que pretende simular un área de aparcamiento que no se está utilizando.

Justo al lado de este terreno, que en un principio se destinó para el cómodo aparcamiento de los clientes del hipermercado, tenemos una montaña bastante rocosa, de una altura de no más de veinte metros. Para más señas, la montaña en cuestión separa la primera entrada a la Hoya Garcés y este aparcamiento cerrado al tráfico. ¿Ya está en situación?

Espero que sí. Quizás también deba completar la descripción del lugar añadiendo que frente a esta montaña se está creando un edificio, segunda y tercera fase del que ya está construido al lado del Hiperdino.

Pues si usted es de los que va a pasear o a hacer ejercicio por aquella zona no pierda de vista este lugar. Y es que las rocas de esa montaña de la que hablo parecen ¡estar vivas! Unas enormes y más que amenazantes grietas recorren todo este montículo rocoso, insinuando que en cualquier momento pueden venirse abajo.

De hecho, hace ya unos años, cuando caminaba por el lugar, una piedra cayó en el arcén de la avenida de Los Chincanayros. A partir de entonces, me planteé la peligrosidad del asunto. Si a esto añadimos la erosión debido a los fuertes temporales sufridos por Canarias en los últimos tiempos, llego a la conclusión de que no se puede ignorar la peligrosidad que supone esta montaña.

Claro que, desde un punto de vista racional, lo que más puede hacer daño al lugar son las obras que se están realizando a tan solo cinco metros. La edificación de la zona, con los movimientos de tierra que ello conlleva, podrían estar acelerando aún más el proceso de erosión y, por consiguiente, el desprendimiento de las rocas hacia la carretera.  

Como consecuencia de la construcción de este edificio, habría que plantear alguna medida de seguridad, puesto que se trata de una montaña anexa a la vía de entrada al casco del municipio. Y además, un paseo que recorren diariamente numerosos icodenses, sobre todo para hacer ejercicio.

Por eso, desde aquí pido que las autoridades se preocupen por el lugar. Y no olviden que las piedras también tienen vida. O, al menos, eso parece.

miguel1987migue@hotmail.com