Icod, como otras tantas localidades de la isla de Tenerife, surge en el menceyato guanche que le da nombre, en torno al año 1496, una vez finalizada por Alonso Fernández de Lugo la conquista de la isla. En 1501 se comenzó a construir su primera iglesia, dedicada a San Marcos, una escultura flamenca que la leyenda atribuye su aparición en una cueva de la playa de su nombre. El primer sacerdote que oficiaría misas en ella sería el portugués Ruy Blas, que dará su nombre a una zona de Icod donde se le concedió datas de tierras por parte del Adelantado por su participación en la conquista como capellán. Como muestra de su rápido crecimiento en 1514 quedó convertida en parroquia, segregándose de la de Santiago Apóstol de Realejo de Arriba. Con anterioridad a 1517 contó con su primer párroco, que sería Roberto Saulo. En 1533 Carlos V por Real Cédula señaló los límites de su jurisdicción, dándole diez leguas hasta la localidad de Adeje y dejando rentas para un solo beneficiado. Eran a mediados del siglo XVI ya tan crecidas que pudo contar por Real Cédula de Felipe II de 1560 con dos párrocos. Tal riqueza albergaba que las rentas del párroco en 1590, siendo obispo Fernando Suárez de Figueroa, alcanzaban a 400 ducados, superando los 300 de Garachico, lo que demostraba el espectacular crecimiento de la localidad a partir de la segunda mitad del siglo XVI con el auge del cultivo de la vid. Se decía de él “ninguno mejor que en él”.
Icod de los Vinos, fue una localidad que creció rápidamente desde los albores de la conquista, poblada por un elevado número de inmigrantes foráneos que se fusionaron con los aborígenes. Contó desde sus inicios con un alcalde real o pedáneo dependiente de La Laguna, que era el único ayuntamiento y juzgado de la isla con facultad para dilucidar pleitos civiles de hasta 600 maravedíes y en los criminales para substanciar los procesos. Entre sus colonizadores destacaron los portugueses que en elevado porcentaje emigrarían hacia la localidad convirtiéndose en los impulsores de su agricultura, tanto de los ingenios azucareros, en los que eran depurados especialistas y técnicos en la próxima Madeira, como en la vid y la agricultura de autoconsumo. Una huella que persiste en numerosas palabras que empleamos en esa órbita y en los métodos de cultivo como los de la vid que en Icod son de honda procedencia lusitana, como es el levantado de las horquetas. En la localidad se estableció desde 1505 el primer ingenio azucarero por el conquistador Alonso Fernández de Lugo, que se reservó también las aguas y veinte fanegadas de tierras. Empleaba tanto trabajadores libres como esclavos. En 1506 ya contaba con unos 40 vecinos, lo que quiere decir una población sobre las 200 personas. Pero sus condiciones naturales no eran especialmente para el cultivo azucarero, sino para el viñedo, en el que ganaría en preponderancia sobre Garachico.
Es por ello un pueblo dependiente de aquél en la órbita mercantil, aunque desde la caleta de San Marcos habrá un cierto comercio y se desarrollaría una primaria construcción naval con astilleros gracias a las ricas maderas de sus bosques por entonces vírgenes. Mientras que la caña de azúcar hasta mediados del siglo XVI fue el cultivo hegemónico, Garachico será la capital demográfica y económica de la comarca de Daute. No obstante, a medida que avanza la centuria Icod sigue creciendo en población y es posperidad. En 1585 contaba ya con 350 vecinos, lo que da un total aproximado de 1750 habitantes, frente a los 520 (2.600 h.) que albergaba Garachico. En torno a esa época Fray Alonso de Espinosa diría de él que era un pueblo de mucha vecindad y de hombres honrados y ricos, está edificado en la falda del Teide con buenos edificios y hay en él mucha madera. El portugués Gaspar Fructuoso lo definiría como villa de doscientos vecinos, casi todos portugueses, rico de vinos, labores y crianzas. Hácese mucho vidrio que va para otras islas y algunas veces para las Indias de Castilla para hacer estilas aguardientes para las minas por ser vidrio muy duro. Dejo testimoniado la riqueza de sus campos, pues entre Icod y Garachico había 2 leguas de viñas y cañas de azúcar.
Es a partir de las últimas décadas del siglo XVI y especialmente en la primera mitad del siguiente donde crece y se expansiona considerablemente Icod con el auge vinícola. Sus tierras eran óptimas para el cultivo de la vid, especialmente del vidueño, que proporcionaba un vino blanco de relativa alta graduación que encontraba un amplio mercado en las colonias portuguesas y británicas de América. En menor medida también del malvasía, un vino de alta graduación con diferentes variedades (dulce, blanco y seco) que encontraban amplia demanda en Europa, especialmente en Gran Bretaña. No es casual por ello que sea el siglo XVII la centuria de su consolidación, donde se contruirían sus edificios e iglesias más suntuosos a tenor de la riqueza y prosperidad de sus caldos, y en el que su elite nobiliaria iniciaría un proceso de vinculación de sus propiedades para evitar su disgregación y para consolidarse como tales a través de los mayorazgos, por los que el primogénito heredaba en usufructo el grueso de la herencia. El crecimiento demográfico nos puede ayudar a entender la evolución social y económica de lcod en una centuria de crecimiento.
En 1676 ya contaba con una población de 3.006 habitantes, lo que lo convertía en la tercera localidad de la isla, superada ya sólo levemente por Garachico , que contaba con 3025, La Orotava (5.782) y La Laguna (6.683). Núñez de la Peña diría en 1678 que “puede ser villa, por ser tan grande, con gente en su jurisdicción de todos frutos, de vinos de malvasía, trigo, centeno y otras semillas, lábrase mucha seda”. Dice que cuenta con la buena parroquia con dos beneficiados y buenos capellanes, y que sus vecinos son amantes de la música, que “todo los de este lugar son más a ella que otros, y los más tienen buenas voces”. También constata que se conocían entre sí por sus apodos más que por sus apellidos. Por esa fechas ya albergaba dos comunidades regulares, los franciscanos y agustinos, y un monasterio de monjas bernardas. Destaca la devoción que gozaba San Felipe Neri en su ermita, “de mucha devoción en toda la isla” y la existencia de dos escribanías, el mismo número que Garachico , lo que es indicativo de su expansión e intensa actividad mercantil.
En 1591 sus milicias quedaron desmembradas de la dependencia y sujeción de Garachico , una pugna que será constante en la lucha por la hegemonía de Daute entre ambos municipios. En 1687 logró alcanzar la independencia también en la órbita inquisitorial con la consecución de una Comisaria de la Inquisición propia. Contaba con un hospital para pobres desde 1555 que en 1697 fue ampliado con la constitución de un patronato al Canónigo de la Catedral de Las Palmas Francisco Leonardo de la Guerra. Desde 1585 contaba Icod con un convento agustino bajo la adveración de San Sebastián. Se estableció en una antigua ermita de ese nombre. Su patronato fue más tardío y recaería en 1655 en uno de los más ricos e influyentes aristócratas de la localidad, Blas de Alzola y Torres. En 1630 se erigió el convento de bernardas de Icod que sucumbió en el incendio que asoló Icod el 2 de mayo de 1798, en el que se incendiaron también otras seis casas, entre ellas la de la alcaldía. Aunque había tratado de fundarlo Gaspar Alfonso de Albarnaz, sólo su hijo Domingo pudo acceder a su patronazgo. Finalmente en 1641 se fundó el último convento de Icod, el franciscano del Espíritu Santo, recayendo también su patronato en la familia Alzola.
Establecimientos que nos hablan de la riqueza que fluía por la localidad en los años de expansión vinícola. Es también la época en que se conforma en buena medida su trama urbana. En 1676 se traslada desde La Centinela su calvario hasta su actual emplazamiento. Por esos mismos años se derruyen varias casas para en su solar proyectar uno de sus ejes más señeros, la plaza de la Pila. No sólo se fundaron conventos, también desde 1636 se contaba con un Arca de Misericordia, institución creada por la parroquia que venía a cumplir la finalidad de los pósitos en otros pueblos, adelantado la semilla por un interés bajo a los labradores pobres. Las ermitas también proliferaron en los distintos pagos y en el caso de Icod, como símbolo de la opulencia y esplendor de sus clases dirigentes. El Buen Paso en 1618, El Amparo, bajo el patrocinio de Fray Pedro de la Cruz, San Felipe Neri en 1651, por el Lincenciado Gonzalo Baez Borges, San Bernabé por Nicolás Agustín de Alzola en 1709 en La Vega, San Antonio en 1658 a partir de una capellanía del presbítero Juan Antonio Maderos y Sta.Bárbara por el comisario de Santo Oficio Manuel Pérez Rijo en 1712.
Con la crisis paulatina de los caldos desde el último tercio del siglo XVII, América pasa a ser una vía por la que Icod hace frente a la crisis vinícola. La prácticamente total desaparición de las exportaciones de malvasía se ve sustituida por vidueños y aguardientes de parra que tienen salida en las colonias inglesas de América del Norte y en Las Indias Españolas. Las medias de seda son un importante complemento a sus exportaciones y son la salida de numerosas mujeres para sobrevivir ante la emigración de su maridos. Más de 70 telares de seda existía en Icod en 1770 cuando ya se sentían los efectos de sus crisis por la competencia exterior a partir de la apertura del libre comercio en las Antillas. Numerosos icodenses emigraron a Indias, en su gran mayoría a Cuba y Venezuela, pero también al Yucatán mejicano y a Santo Domingo. Enviaron remesas y objetos de arte para ayudar a sus familias y mostrar su devoción a su pueblo natal. Algunos retornaron e hicieron negocios allí, invirtiendo sus ganancias en la localidad, bien en la mejora de la agricultura, la construcción de casas o para demostrar su riqueza y lustre ante sus conciudadanos. Fue el caso de Marcos Torres, regidor perpetuo de la isla, residente muchos años en Campeche e importante comerciante con Indias que en 1758 erigió la ermita de Nuestra Señora de las Angustias. Un pariente suyo obtuvo en 1766 escritura de dotación de la de Nuestra Señora de Tránsito. Finalmente en los anejos del convento franciscano Gabriel Hurtado de Mendoza, Isabel Domínguez y su hijo Fernando, que llegaría a ser regidor en el cabildo de La Laguna acometieron la de la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, cuya capellanía data de 1770.
Todos estos factores explican que, pese a la creciente migración, Icod mantenga población e incluso crezca, mientras que, por contra el puerto de Garachico, la pierda ampliamente, con lo que la hegemonía icodense en la comarca será notable en el siglo XVIII, máxime después de la erupción de 1706, que minó su puerto y con el Reglamento de 1718 que le impidió comerciar con Indias. En 1776 Icod contaba con una población de 4468 habitantes, mientras que Garachico sólo tenía 1895. La década de los 70 del siglo XVIII y los catorce primeros años del siglo XIX fueron años de gran expansión económica en Icod, gracias al último período de expansión vinícola debido a las exportaciones a los Estados Unidos y el bloqueo continental de Europa por Francia para obstaculizar el comercio británico . De esa forma los vidueños icodense s tenían amplia salida en los mercados exteriores, la producción aumentó espectacularmente y los precios se incrementaron. Pero fue un espejismo pasajero, la crisis vendrá con gran intensidad tras la paz, agravada por la Emancipación venezolana y las considerables quiebras que ocasionaría en sus emigrantes por la pérdida de vidas y la destrucción de propiedades en una larga y sangrienta contienda. La cotización de los vinos drásticamente cayó. El oidium y mildium en las décadas posteriores arruinarían buena parte de los viñedos que desde el siglo XVI habían dado nombre al municipio.
La hegemonía y esplendor económico de Icod en esos años le llevó a sus grupos dirigentes a tratar de imponer la hegemonía política y judicial en la comarca. Juan Antonio Bañes en 1804 recibe una comisión del Gobierno para poner en venta los bienes eclesiásticos. En ella se propone la necesidad de contar con una alcaldía mayor en la zona, pues todos los pleitos tenían que dilucidarse en La Laguna. Pero nada se hace hasta que con irrupción del régimen liberal con la Constitución de 1812 se crean los actuales ayuntamientos y se debe proceder a las elecciones para la Diputación Provincial las Cortes Generales. De esa forma Icod adquiere el rango de ayuntamiento independiente y ve ampliadas sus atribuciones municipales hasta entonces limitadas a un simple alcalde pedáneo. La Junta preparatoria para las elecciones de diputados a Cortes de 1813 lo designa como cabeza de la circunscripción de Daute.
Comienza de esa forma un largo conflicto jurisdiccional entre Garachico e Icod, que se paraliza y reactiva con los sucesivos cambios de regímenes políticos. El absolutismo en 1814 acaba con el nuevo modelo municipal y vuelve a la situación anterior. En 1820 vuelve a reactivarse el pleito con la restauración del régimen liberal, pero nada se dictamina finalmente. En 1823 vuelve a caer cuando se había nombrado juez de primera instancia para Icod. En 1826 Fernando VII como monarca absoluto da por ahora la capitalidad de Daute a Icod . El 28 de junio de 1833 se da por concluido para siempre el litigio con la proclamación definitiva de la Ciudad del Drago como la capital de la comarca. Pero tan sólo dos años después, la reestructuración judicial gubernamental suprime su juzgado de primera instancia, que no volverá a recobrar hasta 1912.
Manuel Hernández González
Doctor en Historia de América y Profesor
Titular de la Universidad de La Laguna
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