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Cierre de un ciclo económico: invitación y oportunidad
Diego Afonso Guillermo Todo ello invita, más que nunca, a una reflexión individual y colectiva muy compartida que permita iluminar las acciones y actuaciones más convenientes, tanto en la órbita personal y familiar, como en el orden institucional y la empresa privada de todo tipo. El objetivo es convertir toda esta situación en una gran oportunidad que se nos brinda al final de la primera década del siglo XXI, pudiendo abordar la segunda década cargados de todos los ingredientes necesarios para superar las lacras que el actual modelo -ciclo- económico ha traído consigo. Esta etapa que se cierra, tanto a nivel global como local, está caracterizada por una situación en la que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres (así nos los confirman todos los informes sobre la pobreza emitidos por organismos internacionales). Las recetas, los hábitos y las costumbres anteriores no sirven para abordar y superar este nuevo ciclo que está a punto de comenzar o que ya se ha iniciado. Por lo tanto, la prisa, el enriquecimiento desmesurado en poco tiempo, los famosos y conocidos pelotazos, a costa de la inmensa pobreza de la mayoría, tiene que dar paso al sosiego, como por ejemplo en aspectos tan importantes como en la atención a la familia, el ahorro familiar e institucional, la vocación por el trabajo y el sacrificio, el liderazgo de los valores que deben presidir nuestro quehacer, la honestidad, el esfuerzo, la disciplina, la lealtad, la empatía, la conciencia ciudadana, el autocontrol, el respeto, la bondad, la tolerancia y la justicia de verdad. Sólo así podremos construir, o mejor dicho reconstruir, una comunidad familiar y colectiva que, basada en los valores anteriormente mencionados, nos permita avanzar y consolidar, a lo largo del siglo XXI, un mundo más libre, solidario y democrático. Para los que tenemos responsabilidades públicas, además de optimizar y mejorar los servicios así como dotarnos de las infraestructuras necesarias para nuestros ciudadanos, nos toca fundamentalmente ser referente y ejemplo de estos valores en nuestra vida personal, familiar y comunitaria, así como en el ejercicio cotidiano de nuestra tarea pública. Para ello, invito a todos y a todas a tener una vida cimentada sobre una profunda fe, en aquello en lo que cree y bajo la denominación que estime cada uno, reitero una profunda fe en el hombre, en Dios, o como quiera denominarlo cada uno de nosotros, y que éste sea el soporte y referente de su vida y de cada una de las actuaciones realizadas a diario. Esta es la gran oportunidad que se nos está abriendo, ante tanta ceguera individual y colectiva, para toda la humanidad en este maravilloso planeta, y sobre todo para los canarios, que estamos en estos peñascos en medio del Atlántico y los que se encuentran repartidos por todo el mundo, a quienes invito a aprovechar la oportunidad que se nos brinda, porque vale la pena y seguro que a nuestros hijos y nietos les dejaremos una tierra mejor. |