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El peligro de Internet

08 de febrero 2010


Más que hablar, parece que chillan, y no logran el efecto deseado. Ciertos políticos del Noroeste de Tenerife utilizan sus blogs o bitácoras digitales personales para asestar  golpes bajos y dañinos a sus rivales directos. Y, en una extraña mezcla entre sus vidas privadas y su proyección pública, deciden hacer saber a la ciudadanía impresiones cargadas de adjetivos extremos y palabras que duelen y pueden llegar a dañar derechos recogidos en el artículo 18 de la Constitución: “Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”.

En Internet se dice de todo, y cada día con más virulencia. Se puede insultar libremente y creer que así se está haciendo realmente política. Las palabras “mentiroso/a”, “dictador/a” o “caradura” se han convertido en habituales en ciertos blogs personales que al parecer tienen el ánimo de ejercer como canalizadores de proyectos políticos en los municipios de la comarca. A eso se suma la extraña mezcla entre vida personal y privada: en esos mismos sitios webs, que surgen como medios para ejercer la libertad de expresión, de pronto uno se topa con comentarios que trascienden de la vida íntima del autor y se acercan más a la función de los medios de comunicación de plantear e informar sobre temas de interés general para la sociedad.

San Juan de la Rambla, por ejemplo, es un espacio idóneo para analizar el efecto de los “blogs políticos”. Allí, la portavoz del PSOE, en la oposición, Fidela Velázquez, utiliza su espacio en Internet para lanzar duras acusaciones a los miembros del gobierno de Coalición Canaria. Ha llegado incluso a acusar a trabajadores del ayuntamiento ramblero de atosigarla con mensajes llenos de contenido pornográfico. Evidentemente, de ser cierto lo que cuenta Velázquez, deja mucho que desear en qué estado se encuentra el debate político en San Juan de la Rambla.

Pero, ante eso, ¿qué opción tomar? Se nos plantean dos alternativas: entrar en el juego, o demostrar que estamos en un nivel superior de debate. La concejala socialista ha preferido lo primero: entra constantemente en el peligroso juego de contestar y utilizar palabras que dañan, a mi parecer, el derecho del honor de otras personas.  Sin entrar en si es cierto o no lo que cuenta Fidela Velázquez, no creo que la mejor respuesta a ataques políticos de calidad muy baja sea responder con la misma actitud. “Si me insultan, insulto” no es lo correcto: creo que el argumento, el dato bien trabajado, y la calma en política ayudan mucho no sólo al éxito de un determinado proyecto, sino también a mejorar el estado democrático.

Como claro defensor de Internet como vehículo estupendo para hacer llegar ideas y compartir impresiones, me da miedo que los políticos del Noroeste lo utilicen como peligrosas armas de destrucción personal. El de Fidela Velázquez es solamente uno de otros tantos casos que se dan en el Noroeste de Tenerife, y que tanto daño están haciendo a la democracia y a los verdaderos intereses de los ciudadanos. Al final, son ejemplos de que Internet es también un peligro. Y demuestran que en la red uno puede vencer, pero no convencer.


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